LEVÍTICO VI:1-VIII:36
EL DERRAME DE LA SANGRE
La Torá advierte que no se debe ingerir o beber la sangre del animal, pese a que su carne esté permitida. De acuerdo con la explicación de los jajamim, la prohibición se refiere a dam shebeén, la sangre que está a la vista, que se encuentra de manera fluida en la superficie de la carne. Por ello, antes de cocinarla, se debe remojar primero la carne para ablandarla y cubrirla totalmente con sal, para succionar la sangre que se encuentra en la superficie. Está claro que con este proceso no se elimina la sangre que por dentro está mezclada con la carne del animal. Podríamos concluir, sin embargo, que no existe una prohibición intrínseca en contra de ingerir la sangre: el problema reside en la sangre que está a la vista. Porque la Torá identifica la sangre con el elan vital del ser y probablemente considera que al beber la sangre se estaría ingiriendo la sustancia esencial que otorga el ánimo, la vida propiamente dicha.
De acuerdo con el Gran Rabino de Israel, Avraham Yizhak HaKohen Kook, el alimento permitido para el hombre está en el reino vegetal. El hombre se convirtió en carnívoro después del episodio del Diluvio. El “permiso” para consumir la carne fue una especie de concesión que Dios le otorgó al hombre pecador, cuya actuación inmoral mereció la destrucción del planeta. Incluso Nóaj y su familia, a quienes Dios salvó del Diluvio, reciben un calificativo comedido y limitado por parte de los jajamim, que consideran a Nóaj una persona justa únicamente cuando es comparado con otras personas de su generación. Se estima que, de haber vivido en la época de Avraham, Nóaj no hubiera alcanzado el nivel espiritual del patriarca.
Si asumimos con Harav Kook que el permiso para comer carne ocurrió como una concesión a la fragilidad del hombre, se puede concluir que el destino de la Humanidad es retornar al vegetarianismo.
El Talmud sugiere que la persona que actúa como Shojet nutre instintos destructivos. No se puede minimizar la influencia sobre el carácter de la persona que ha de matar un animal; especialmente, si tomamos en cuenta que hay personas que se desmayan en la presencia del Brit de una criatura, ¿cuál podría ser su reacción ante el acto de la Shejitá?
Cabe destacar que una gran parte de las leyes del kashrut se refiere a las carnes permitidas y a la prohibición de mezclar la leche o sus derivados con la carne. Si nos apoyamos en la opinión de Harav Kook, un judaísmo de signo vegetariano eliminaría totalmente este conjunto de leyes que sirve de sostén fundamental para la práctica actual.
Está claro que los seres vivos matan a otros animales para sobrevivir o al menos consumen el producto vivo de la tierra en su manifestación vegetal. Al tratar de diferenciar entre los animales y el reino vegetal, aludiendo que los primeros manifiestan dolor y tal vez tristeza –como un perro que no se mueve del lecho de su amo enfermo–, también se puede aludir que las plantas reaccionan a la música utilizada para hacerlas florecer.
Según el prisma del judaísmo, el reino animal puede servir de alimento para la Humanidad. Al mismo tiempo, sin embargo, el principio de Tsáar baalei jayimimplica que no se debe infligir dolor a un animal. Esta percepción contradictoria, que permite la Shejitá pero que prohíbe hacer sufrir al animal, tiene como objetivo la educación moral de la persona.
Se puede sacrificar al animal únicamente para sobrevivir, pero no se puede matar por diversión: la caza del zorro con perros adiestrados para perseguirlo, deporte tan apreciado por los lores ingleses, es simplemente una abominación según la óptica judía.
La Biblia instruye que no se debe permanecer indiferente ante “el derrame de sangre”, eufemismo que denota el asesinato de una persona, y por ello, cualquier evento o situación que se refiere a la sangre es tratado con especial esmero. Cuando se sacrifica un ave y ciertos animales, la sangre que se derrama en este acto debe ser cubierta con tierra, una especie de entierro simbólico del elemento identificado como la fuente de la vida. Pese a que para sobrevivir el hombre tiene que matar, el judaísmo se empeña en minimizar el daño emocional y espiritual que ello puede provocar sobre el individuo.
MITZVÁ: ORDENANZA DE LA TORÁ EN ESTA PARSHÁ
CONTIENE 9 MITZVOT POSITIVAS Y 9 PROHIBICIONES
131. Levítico 6:3 Levantar las cenizas (del Altar)
132. Levítico 6:6 A diario prender el fuego sobre el Altar
133. Levítico 6:6 No apagar el fuego del Altar
134. Levítico 6:9 Comer el restante de la ofrenda Minjá
135. Levítico 6:10 No leudar el restante de la ofrenda Minjá
136. Levítico 6:13 La ofrenda Minjá diaria del Kohén Gadol (Sumo Sacerdote)
137. Levítico 6:16 La ofrenda Minjá de un Kohén no es consumida
138. Levítico 6:18 El procedimiento con la ofrenda Jatat(por pecado)
139. Levítico 6:23 No comer la carne de la ofrenda Jatatcuya sangre es salpicada dentro (del Santuario
140. Levítico 7:1 El procedimiento con la ofrenda Asham (por culpa)
141. Levítico 7:11 El procedimiento con la ofrenda Shelamim (por la paz)
142. Levítico 7:15 No dejar ninguna carne de la ofrenda Todá (agradecimiento) pasado el tiempo asignado para su consumo
143. Levítico 7:17 La obligación de quemar los remanentes de las ofrendas sagradas
144. Levítico 7:18 No comer de la ofrenda Pigul, ofrenda con intenciones incorrectas
145. Levítico 7:19 No comer la carne de ofrendas sagradas convertidas impuras
146. Levítico 7:19 La obligación de quemar carne sagrada convertida impura
147. Levítico 7:23 No comer Jélev (grasa prohibida de la ofrenda)
148. Levítico 7:26 No ingerir la sangre de cualquier animal o ave